Luces de montaña

31 de mayo, 2017 - Making-off - Comentar -
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         Desde que conocí la noticia del I Rally Fotográfico de la Montaña Palentina me empezaron a venir a la cabeza posibles fotografías que realizar para la ocasión. Varias localizaciones, ya trilladas en otras salidas, estaban en la lista: Tres Provincias, Poza de las Lomas, Peña Redonda... No sé. Hay muchos sitios en estas montañas para una buena foto.

         A medida que fue acercándose el fin de semana en cuestión, las previsiones meteorológicas, el estado de forma y los horarios fueron perfilando el destino. Elegí el Monte de las Huelgas (2.221m) porque es un mirador impresionante -uno de los mejores que conozco- del Pico Curavacas y también, algo más lejos, del Espigüete. También porque la previsión era de agua, tormentas y granizo y quería tener una posibilidad de retirada fácil si la cosa se ponía fea, pero sin renunciar a una localización en altura.

         Esto además de que he subido en muchas ocasiones aquí (de día, de noche, en verano, en invierno, sólo, acompañado...) y siempre he bajado con una gran experiencia a cuestas. Esta vez no iba a ser distinto.


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           Acabé el trabajo la mañana del viernes en Cisneros y tenía todo el equipo preparado en el coche. De allí salí a las tres de la tarde. A las cuatro estaba comiéndome media tortilla en el "Gasolina" de Cervera, y a las cinco fichando en el stand del Rally. A las seis menos diez, dejaba atrás la plaza de Vidrieros caminando hacia el Pico Pando (o Monte de las Huelgas, 2.221 m)

           Cuando llevaba algo más de una hora subiendo, empecé a oir truenos al Sur, en la lejanía. En cinco minutos tronaba y retumbaba sobre de mí como si no hubiera un mañana. La calma fue volviendo al valle al cabo de unos quince o veinte minutos, cuando se marcharon las nubes hacia el norte. Quedó sólo el sonido del pequeño arroyo que ahora rugía más fuerte. 

         Me había pasado por encima la tormenta, con granizada incluida. Estaba totalmente empapado a pesar de los "goreteses" y todas esas cosas. Pero al menos la comida, la ropa de respuesto y el equipo fotográfico estaban secos (gracias a que además del chubasquero de la mochi, dentro llevaba todo en bolsas de plástico). Maldonado avisa y no es traidor.

          Cuando empezó a aflojar, no me resistí a sacar el móvil dos segundos para hacer alguna foto testimonial del espectáculo (se me había olvidado la compacta abajo en el coche, con las cosas del trabajo. ¡Ay esa cabeza...!) Pero no podía entretenerme, andaba justo si quería llegar arriba antes del atardecer. Seguí subiendo sin pausa y, ya muy cerquita del final, volví a escuchar truenos. "¡Oh, oh...!"

          

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         En lugar de dirigirme a la cima directamente como otras veces (que la conozco y está "pelada" para resguararse), decidí rodearla a ver si de casualidad encontraba un pedrusco bajo el que refugiarme. 

        Tuve la suerte de encontrar una piedra volada, saliente y plana, bajo la cual me pude sentar tan contento, a esperar a que pasara esta segunda granizada. El sitio era el justico para una persona sentada con la mochila al lado, pero en ese momento os juro que no me podía creer la suerte de haber encontrado un diseño tan perfecto, en el momento preciso. Con unas vistas impresionantes hacia el valle de Pineda, el Pico Lezna y el Pozo Oscuro. ¡Y encima a sotavento!

           Bueno, bueno, bueno... así la tormenta se vive de otra manera. Y menos mal, porque si la anterior me paso por encima, está me metió dentro entero.

           Mientras iba cayendo la del pulpo, me acordé de mirar la hora. Las ocho. ¡Había subido echando leches y tenía tiempo suficiente!

  

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       Qué bueno, porque tendría que cambiarme hasta de calzoncillos, comer y beber algo, buscar dónde colocar cámara, trípode y demás cachivaches... y todo con cuidadín, porque en el minirefugio que me había echado, si pegabas un tropiezo acababas en el Pozo Oscuro, canal abajo con cámara y todo. No estaban la roca y la hierba secas, precisamente.

          A mi izquierda, a la vuelta y a menos de cincuenta metros, tenía a la vista el Curavacas, siempre imponente desde este lugar. Cuando pasó el granizo y terminé de prepararme, me acerqué allí para hacer unas pruebas. Enseguida comenzó el espectáculo. Me gustó el sitio y decidí no moverme de allí porque en la cima, unos metros más arriba, soplaba viento del sur con más fuerza. (Me entraban sudores fríos sólo de pensar que podía salirme una foto movida, después de todas las peripecias).

         Ahí surgió "Luces de montaña". Una de las primeras fotos de la sesión, un rato antes de la puesta de sol. Es de esas fotos que haces teniendo un pálpito, propio de la sensación de estar viviendo un gran momento de luz de montaña.

 

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         Alterné unas fotos con el angular 24-70 y otras con el tele 100-400, y después el sol continuó descendiendo detrás del Curavacas hacia el horizonte. La cantidad de nubes y el viento hicieron que el espectáculo sólo se pudiera apreciar durante los segundos contados en los que el claro pillaba a la vez en el origen y el destino de la comunicación fotográfica.

         Desde esta posición ya había tenido mi momento, ¡y como para quejarme!. Más de una vez en días como este he tenido que volverme con las mismas...

         Después, una gran nube nos envolvió completamente al Pando, al Curavacas y a mí, y pude descansar un rato. Todavía volvió a abrirse un claro más, en plena hora azul, y aproveché para sacar alguna otra foto.

 

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       El viento del Sur hacía que las nubes pasaran rápido por encima de mi, sobrevolando Pineda y el Pico Lezna hacia el mar, cosa que aproveché en un par de tomas. Después, nuevamente me retiré a mis aposentos, cené lo que me quedaba de un bocata de jamón y queso, y me abrigué bien para pasar la noche, que ya había comenzado a refrescar.

         Como había pillado una habitación con buenas vistas no me hizo falta moverme más. Las fotos nocturnas las pude sacar tranquilamente desde el balcón, en mi sofá de piedra. Otra foto de este rato fue finalista en el Rally. ¡Qué buen momento! Si es que no sé si me costaba coger el sueño por lo frío y lo duro del colchón, o porque estaba tan bonito el cielo que cada poco tenía que abrir los ojos para no perder detalle.


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      Después de descansar un rato, tomé la difícil decisión de no quedarme hasta el amanecer. Creo que acerté, porque aunque finalmente estuvo algo más despejado de lo que se preveía, me habría supuesto volver muy tarde a casa. Y con el cuerpecito hecho cisco después de tantas horas de actividad, habría sido difícil sentarse al ordenador y atinar con las fotos.

         Finalmente, la experiencia para mi ha resultado ser un verdadero "rally", que me ha puesto a prueba y me ha sorprendido gratamente a partes iguales. Ahora sólo queda, aparte de agradecer a los organizadores, Juan y Aitor, la buena idea y la gran gestión, disfrutar de las muchas y buenas imágenes que han resultado del tropel de participantes que hemos sido.

          Si os gustan, podéis difundirlas por el ciberespacio para que todo el mundo pueda conocer las maravillas de estas Montañas.

         Sólo un favor os pido. Cuando vengáis a visitarlas tratadlas con mucho mimo, y al marchar dejadlas siempre, al menos, tan bien como las encontrásteis.

          ¡Muchas gracias!


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         Si queréis echar un vistazo a la granizada que cayó allí arriba, he subido este pequeño video:

 VER VIDEO >>

 

 

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     "Luces de montaña"

Espigüete visto desde el Pico Pando, Montaña Palentina (2.496m) Mayo, 2017

3er PREMIO RALLY FOTOGRÁFICO DE LA MONTAÑA PALENTINA 2017


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